domingo, 18 de mayo de 2014

Idolatria de la forma de vida de las élites


NOVIEMBRE 2012


"Para Touraine, una debilidad de los procesos de desarrollo en América Latina es que, por un lado, no ha habido una clase hegemónica que los dirigiera; por otro, que la clase dirigente, en general, ha estado más preocupada por la internacionalización de sus propias finanzas que por la orientación del desarrollo de sus países. Así, el desarrollo en América Latina se habría caracterizado por beneficiar a las clases medias y altas a través de la redistribución de la riqueza insuficiente en términos de invertir en la productividad, y cuyas economías descansaron sobre todo en las inversiones de capital externo. Touraine plantea la necesidad de un desarrollo que tome en cuenta a las grandes mayorías, que disminuya las grandes desigualdades sociales y aumente la cohesión social, al tiempo que se preocupe por la inversión económica orientada a aumentar la productividad (y por lo tanto a introducir cambios en el sistema productivo), pero también a mejorar los servicios básicos y la infraestructura en salud, educación, vivienda, caminos, como condición para lograr mejores niveles de calidad de vida".
Párrafo citado en la Clase 2, "El actor y el desarrollo". Maestría en Desarrollo Humano, FLACSO

En Colombia, como en otros países de Latinoamérica “no existe…un actor central hegemónico que oriente el desarrollo, como tampoco una separación clara entre actores sociales, fuerzas políticas representativas y Estado” (Clase 2). Todo ha sido una mezcla que ha mantenido a una elite dirigente dentro del sistema que ostenta poder y como grupo que ha tomado el control, es dueña de grandes extensiones de tierras[1], así también conforma grupos económicos y empresas de sectores estratégicos de la economía. El estado como orientador del desarrollo pierde su papel, dado que median los intereses de una élite, que ha buscado la ampliación de sus propias finanzas. Empero, la élite no solo amplia su poder económico, sino que prolifera una “violencia simbólica”, ideología, valores, influencia a la cultura, a través del control de la educación, la religión, los medios de comunicación, y el entretenimiento. Somete e influencia la cultura a través de la ideología que mantenga sus medios de dominación[2].
En lo económico, el libre comercio ha sido la gran apuesta de la élite dirigente con la cual ha pretendido crear oportunidades de empleo y crecimiento, y una proyectada mejora del bienestar. Con la apertura económica de finales del Gobierno de Virgilio Barco, que se caracterizo por las rebajas arancelarias unilaterales y la privatización de lo público, siguiendo con la toma obediente de las condiciones del consenso de Washington; y hoy en día la firma de los Tratados de Libre Comercio, se creo la ilusión de progreso. Con lo actual se dice que los beneficiados serán los consumidores, quienes podrán comprar alimentos a mejores precios, pero la desindustrializacion del país ha sido evidente.
La cultura colombiana idolatra la forma de vida de las élites, consume toda forma de producto que le deje ver y emular en sus sueños la vida que las familias tradicionalmente “de clase”. Los paradigmas y funcionamientos de la educación, reducen las posibilidades de desarrollar capacidades, que le permitan al sujeto tener conciencia de si mismo, que como actor reconozca su libertad, que tenga las posibilidades de reconocer en si una posición de resistencia  una situación de inequidad. “El adquirir cierta conciencia política mínima que permita percibir la relación de inequidad y privación, carencia o marginalidad, eventualmente mueve… hacia una posición de resistencia. Llegar a este punto supone, pues, cierto grado de conciencia política en los individuos...”[3]. La conciencia política se vislumbra en pocos sectores, por la mezcla que existe entre el estado, los actores sociales y las fuerzas políticas. Los colombianos crecen en un país donde no se diferencia el Estado del gobierno, este último cambia cada 4 años, pero el primero debería persistir, orientar y sostener la constitucionalidad. Por tanto no se llega a reconocer los medios de resistencia, transformación y cambio.

PS. JULIANA CORREA

Referencias
Clase 2 (21 de junio): Agencia de ciudadanía y actor del desarrollo. El actor y el desarrollo humano.

Mouffe, Ch (1980). Hegemonía y alternativas políticas en América Latina. Seminario de Morelia.
Hegemonía, política e ideología, en Labastida J, coordinador. Recuperado el 10 de septiembre de 2012 en  http://www.ram-wan.net/restrepo/poder/hegemonia,%20politica%20e%20ideologia-mouffe.pdf

Vargas, L. (2008) Actores sociales y relaciones de poder: la globalización como proceso y fenómeno socio-político. De Ciencias Económicas 26-No. 1: 2008 / 187-208 / ISSN: 0252-9521. Recuperado el 1 de Septiembre de 2012 en http://www.latindex.ucr.ac.cr/econ-2008-1/08-VARGAS.pdf





[1] El grupo tradicionalmente dirigente ha sometido lo rural a la discriminación, ha creado una breha entre lo rural y lo urbano; no ha promovido un real desarrollo rural, no ha reconocido la potencial fortaleza rural, en cambio ha excluido, invisibilizado, y concentrado la propiedad de la tierra y desencadenado un conflicto complejo de violencia: “Porque si la tierra está concentrada, ampliar las oportunidades y desarrollar las capacidades de los pobladores rurales es más difícil, ya que el principal activo del sector no está disponible en condiciones de equidad. Esto se convierte en un generador de conflicto social permanente” Informe de Desarrollo Humano PNUD 2011 Colombia

[2] Mouffe, 1980.

[3] Vargas, L. (2008)