NOVIEMBRE 2012
"Para Touraine, una debilidad de los procesos de desarrollo
en América Latina es que, por un lado, no ha habido una clase hegemónica que
los dirigiera; por otro, que la clase dirigente, en general, ha estado más
preocupada por la internacionalización de sus propias finanzas que por la
orientación del desarrollo de sus países. Así, el desarrollo en América Latina
se habría caracterizado por beneficiar a las clases medias y altas a través de
la redistribución de la riqueza insuficiente en términos de invertir en la
productividad, y cuyas economías descansaron sobre todo en las inversiones de
capital externo. Touraine plantea la necesidad de un desarrollo que tome en
cuenta a las grandes mayorías, que disminuya las grandes desigualdades sociales
y aumente la cohesión social, al tiempo que se preocupe por la inversión
económica orientada a aumentar la productividad (y por lo tanto a introducir
cambios en el sistema productivo), pero también a mejorar los servicios básicos
y la infraestructura en salud, educación, vivienda, caminos, como condición
para lograr mejores niveles de calidad de vida".
Párrafo citado en la Clase 2, "El actor y el
desarrollo". Maestría en Desarrollo Humano, FLACSO
En
Colombia, como en otros países de Latinoamérica “no existe…un actor central
hegemónico que oriente el desarrollo, como tampoco una separación clara entre
actores sociales, fuerzas políticas representativas y Estado” (Clase 2). Todo
ha sido una mezcla que ha mantenido a una elite dirigente dentro del sistema
que ostenta poder y como grupo que ha tomado el control, es dueña de grandes
extensiones de tierras[1],
así también conforma grupos económicos y empresas de sectores estratégicos de
la economía. El estado como orientador del desarrollo pierde su papel, dado que
median los intereses de una élite, que ha buscado la ampliación de sus propias
finanzas. Empero, la élite no solo amplia su poder económico, sino que
prolifera una “violencia simbólica”, ideología, valores, influencia a la
cultura, a través del control de la educación, la religión, los medios de
comunicación, y el entretenimiento. Somete e influencia la cultura a través de
la ideología que mantenga sus medios de dominación[2].
En
lo económico, el libre comercio ha sido la gran apuesta de la élite dirigente
con la cual ha pretendido crear oportunidades de empleo y crecimiento, y una proyectada
mejora del bienestar. Con la apertura económica de finales del Gobierno de
Virgilio Barco, que se caracterizo por las rebajas arancelarias unilaterales y
la privatización de lo público, siguiendo con la toma obediente de las
condiciones del consenso de Washington; y hoy en día la firma de los Tratados
de Libre Comercio, se creo la ilusión de progreso. Con lo actual se dice que
los beneficiados serán los consumidores, quienes podrán comprar alimentos a
mejores precios, pero la desindustrializacion del país ha sido evidente.
La
cultura colombiana idolatra la forma de vida de las élites, consume toda forma
de producto que le deje ver y emular en sus sueños la vida que las familias
tradicionalmente “de clase”. Los paradigmas y funcionamientos de la educación,
reducen las posibilidades de desarrollar capacidades, que le permitan al sujeto
tener conciencia de si mismo, que como actor reconozca su libertad, que tenga
las posibilidades de reconocer en si una posición de resistencia una situación de inequidad. “El adquirir
cierta conciencia política mínima que permita percibir la relación de inequidad
y privación, carencia o marginalidad, eventualmente mueve… hacia una posición
de resistencia. Llegar a este punto supone, pues, cierto grado de conciencia
política en los individuos...”[3].
La conciencia política se vislumbra en pocos sectores, por la mezcla que existe
entre el estado, los actores sociales y las fuerzas políticas. Los colombianos
crecen en un país donde no se diferencia el Estado del gobierno, este último
cambia cada 4 años, pero el primero debería persistir, orientar y sostener la constitucionalidad. Por tanto no se llega a reconocer los medios de resistencia,
transformación y cambio.
PS. JULIANA CORREA
Referencias
Clase 2 (21 de junio): Agencia de ciudadanía y
actor del desarrollo. El actor y el desarrollo humano.
Mouffe,
Ch (1980). Hegemonía y alternativas políticas en América Latina. Seminario de
Morelia.
Hegemonía,
política e ideología, en Labastida J, coordinador. Recuperado el 10 de
septiembre de 2012 en http://www.ram-wan.net/restrepo/poder/hegemonia,%20politica%20e%20ideologia-mouffe.pdf
Vargas,
L. (2008) Actores sociales y relaciones de poder: la globalización como proceso
y fenómeno socio-político. De Ciencias Económicas 26-No. 1: 2008 / 187-208 /
ISSN: 0252-9521. Recuperado el 1 de Septiembre de 2012 en http://www.latindex.ucr.ac.cr/econ-2008-1/08-VARGAS.pdf
[1] El grupo tradicionalmente dirigente ha sometido lo
rural a la discriminación, ha creado una breha entre lo rural y lo urbano; no
ha promovido un real desarrollo rural, no ha reconocido la potencial fortaleza
rural, en cambio ha excluido, invisibilizado, y concentrado la propiedad de la
tierra y desencadenado un conflicto complejo de violencia: “Porque si la tierra está concentrada,
ampliar las oportunidades y desarrollar las capacidades de los pobladores
rurales es más difícil, ya que el principal activo del sector no está
disponible en condiciones de equidad. Esto se convierte en un generador de
conflicto social permanente” Informe de Desarrollo Humano PNUD 2011
Colombia
[2] Mouffe, 1980.
[3] Vargas, L. (2008)
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